PFAS: cifras clave para comprender los contaminantes eternos

De acuerdo con su estatuto de utilidad pública y su acreditación en materia de «Protección del medio ambiente», la OiEau sitúa la gestión de datos y la valorización de conocimientos en el centro de sus misiones, con el fin de producir y difundir información fiable, pedagógica y accesible para todos.

Con este espíritu, la OiEau difunde libremente cifras clave a escala nacional e internacional, acompañadas de metadatos detallados, a través de su sitio web francés chiffrecle.oieau.fr.

Estas cifras, que pueden reutilizarse bajo licencia Creative Commons, se elaboran de acuerdo con una carta editorial que garantiza su calidad, con el apoyo de la Oficina Francesa de Biodiversidad, y se basan en un riguroso proceso de seguimiento, verificación y publicación.

Este formato permite sensibilizar e informar rápidamente sobre diversos temas: calidad del agua, inundaciones, saneamiento, huella hídrica, etc. El objetivo es valorizar la información sintética y accesible, procedente de fuentes fiables, para informar a los profesionales y al público en general sobre los retos de la gestión del agua.

Hoy, descubra nuestra infografía sobre los PFAS, los llamados contaminantes eternos, que reúne diversas cifras clave sobre el tema: magnitud del fenómeno, vigilancia en las aguas de Francia (en 2023) y marco normativo (en 2025).

PFAS: contaminantes bajo estrecha vigilancia

Es ya de dominio público que la excepcional persistencia de los PFAS en el medio ambiente y su capacidad de acumulación los convierten en un importante desafío para la salud pública y el ecosistema.

Ante estos riesgos, las autoridades han reforzado su regulación, especialmente a nivel europeo, donde algunas de estas sustancias se han incluido en la lista de contaminantes prioritarios de la Directiva Marco del Agua. De hecho, en 2023, la revisión de la DMA estableció umbrales máximos para varios PFAS, con el fin de controlar mejor su presencia y favorecer su eliminación.

Francia también ha reaccionado poniendo en marcha un Plan de Acción Nacional PFAS 2023-2027 para luchar contra la contaminación por estas sustancias. Los objetivos de este plan son reducir los vertidos industriales, identificar las fuentes de contaminación y reforzar la vigilancia de la calidad del agua potable. Paralelamente, la ANSES (Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria) está llevando a cabo estudios exhaustivos para comprender mejor los riesgos para la salud relacionados con la exposición a los PFAS y evaluar la conveniencia de introducir nuevas restricciones.

Sin embargo, para comprender su impacto, orientar las políticas públicas y actuar eficazmente contra su contaminación, es indispensable recopilar y analizar datos precisos, armonizados y accesibles sobre los PFAS. Por ello, el Sistema de Información sobre el Agua (SIA), en particular a través de los repositorios Sandre (Servicio de Administración Nacional de Datos y Repositorios sobre el Agua), cuya secretaría técnica corre a cargo de la OiEau, desempeña un papel fundamental en la estructuración y difusión de estos datos en Francia.

En enero de 2025, aunque algunas PFAS llevaban muchos años siendo objeto de seguimiento, Sandre tuvo que incorporar nuevos parámetros para hacer frente a la gran variedad de moléculas existentes, junto con los miembros del grupo Aquaref y el Ministerio de Sanidad francés. Así, se añadieron al menos treinta nuevas sustancias al repositorio, lo que permitió a los diferentes socios del SIE intercambiar y almacenar nuevos datos de observación.

Preguntas frecuentes

PFAS: más información

Las sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas (PFAS), comúnmente conocidas como «contaminantes eternos», son compuestos químicos orgánicos fluorados sintéticos que agrupan varios miles de sustancias.

Las PFAS, utilizadas desde la década de 1940 por sus propiedades ignífugas, impermeabilizantes y antiadherentes, se encuentran en muchos productos de uso cotidiano (envases alimentarios, textiles, cosméticos, utensilios de cocina, espumas contra incendios, etc.). Su gran estabilidad química, aunque útil, plantea un problema importante: se degradan muy lentamente y se acumulan en el medio ambiente, contaminando el agua, el suelo, la fauna e incluso el cuerpo humano. Los estudios indican que la exposición prolongada, incluso en dosis bajas, podría causar efectos crónicos en la salud, como alteraciones endocrinas, debilitamiento del sistema inmunológico y aumento del riesgo de ciertos tipos de cáncer.

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